lunes 8 de diciembre de 2008

¡¡¡VIVA EL SAHARA CABRONES!!!


¡Hola familia! Me llamo Federico Guzmán y soy un artista de Sevilla. Acabo de regresar de los Encuentros Internacionales de Arte Artifariti 2008 organizados por el Ministerio de Cultura de la República Arabe Saharaui Democrática (RASD) y la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sevilla en Tifariti, Territorios Liberados del Sáhara Occidental. Aunque el viaje sólo ha durado dos semanas, esta increíble e inolvidable experiencia me ha marcado profundamente, me ha transformado y despertado la conciencia dándome una perspectiva cercana del drama humanitario que sufre desde hace 34 años el pueblo hermano saharaui. Con estas notas intentaré explicar cómo la experiencia de la injusticia, el olvido y la barbarie ha sido al mismo tiempo la experiencia más bonita de mi vida.

Llevo varios meses preparando este viaje. De hecho, el viaje empezó a principios del verano, cuando un grupo de artistas que nos reunimos habitualmente en un local en Triana se nos ocurrió la idea de juntarnos en un colectivo -al que bautizamos Naná (yerbabuena en árabe)- y organizar una exposición para sacar dinero para ir todos al Sáhara con el festival Artifariti 2008. La cosa funcionó y a finales de octubre, bajo una hermosa jaima construída con melfas de colores en el Centro social okupado La Fábrica de Sombreros, se inauguró la Semana de solidaridad con el Sáhara, una exposición-rifa de más de cincuenta artistas internacionales con pases de video, mesas redondas, concierto, cus cus y la colaboración de la Plataforma de Reflexión sobre Políticas Culturales (PRPC) y la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sevilla. Después de una agotadora e inolvidable semana hemos recogido fondos para pagar el viaje a tres artistas, Carmen Carmona, Victoria Gil y Pililli Narbona, al tiempo que La Asociación ha invitado a Ricardo Garrido a viajar al Sáhara con el encargo de documentarse para realizar un cómic sobre la vida del pueblo saharaui.



Ahora, en un destartalado asiento del vuelo AH 6146 de Air Algerie, con un jus d’orange en la mano y estrujando mi mochila entre las piernas, empiezo ya sí a creerme que de verdad voy pal Sáhara. Desembarcando a las cuatro de la mañana en el aeropuerto militar de Tinduf una enorme Luna creciente nos sonríe sobre el horizonte. Se está aproximando el perigeo, que es la fecha del año en que la Luna se ve más grande porque está más cerca de la tierra, lo que conlleva también fuertes mareas. Desde la latitud de 33º del Sáhara, la Luna se ve más acostada, como en Colombia, que parece una hamaca colgada en las estrellas.


En este viaje me acompaña mi querida mascota, la e-mula Taína, transportando regalos, mensajes y baraka recogida entre la gente y la consigna PAZ Y TRANQUILIDAD para el pueblo saharaui, junto con varias propuestas de actividades a realizar en Tifariti como la paella de camello o los talleres de chikung y astronomía. El cielo del Sáhara es uno de los espectáculos más hermosos de la tierra. Con el telescopio que Salvador Capote y la Asociación de Astrónomos de Sevilla han donado al proyecto tendremos oportunidad de ver y casi tocar las estrellas. Orión, Las Pléyades, la Estrella Polar, estrellas fugaces... aquí todas tienen otros nombres, El Machboh, Eswabia, Ezraia... Mi amiga Isabel ha preparado unos planisferios para que dibujemos constelaciones inventadas usando el firmamento como pantalla de proyección. Vamos a conocer las leyendas escritas en el cielo liberado del Sáhara que nos protege e inspira.

Al amanecer partimos en una expedición de todoterrenos para atravesar los cuatrocientos cincuenta kilómetros de desierto entre los campamentos de refugiados saharauis en el suroeste de Argelia y el enclave de Tifariti, en los Territorios Liberados del Sáhara Occidental. La primera impresión del desierto es la luz. Todo está inundado de luz, de sol, de claridad, de calor. Luego la inmensidad del espacio, el silencio y el vacío. Para los taoístas, el Wu Chi es el Gran Vacío del que se origina todo. Sobre el fondo plano de un gigantesco lago salado donde hace 4000 años florecía una verde sabana, abro los brazos a los diez millones de kilómetros cuadrados de arena infinita y su energía me estremece. El espacio es tan enorme que borra el tiempo. Recuerdo las memorables palabras de Albert Einstein: “pasado, presente y futuro sólo son formas de una misma ilusión”.

En la pedregosa tierra de la hamada argelina malviven desde hace 34 años unos 200.000 refugiados saharauis que subsisten exclusivamente de la ayuda internacional (principalmente de España, Italia y Argelia) en unas condiciones humanas y sanitarias desesperadas. 34 años esperando una solución que no llega. En estos campamentos, donde las casitas de adobe y las jaimas se levantan en el territorio más inhóspito, se respira polvo y las cabras se comen el plástico y las resoluciones de la ONU. La electricidad proviene de una batería de coche alimentada por una placa solar que da luz por unas horas. Los huertos tienen sólo dos o tres plantas, eso sí, muy bien cuidadas. La vida en los campamentos es dura aunque los saharauis se han acomodado a la herencia de su exilio: arena y más arena, piedras y más piedras, cielo y más cielo. Las temperaturas en verano y a la sombra pueden alcanzar los 55º. Sin medios para soportarlos. Es inhumano. No hay recursos, no se produce. Se alimentan de las ayudas que les llegan. Cada familia recibe al mes: un kg. de lentejas, de alubias, de pasta, de arroz, leche en polvo y un litro de aceite por persona (excluido el marido). También un saco de harina y una bombona de butano. Los demás alimentos, carne, verduras, fruta, etc. si no tienes dinero, no se consumen. Sin embargo, son felices pues nacen carentes de todo y no echan en falta nada. Están acostumbrados a compartir lo poco de que disponen. A la hora de la comida todos los que llegan a su jaima se sientan a la mesa.




El desierto va cambiando de colores y texturas como una pintura animada. Hemos cruzado todos los tonos de ocre, rojo, blancos y más al sur, verde. De cuando en cuando, unos neumáticos clavados en la tierra son la única señalización. Hamdi, nuestro avezado conductor sigue navegando los cambiantes indicios sobre las tenues rutas de arena donde el mapa del desierto está en blanco. Enciende su pipa y pone otra vez la cinta de Estrella Polisaria y el ritmo hipnótico de la tidinit y el piano eléctrico se mezclan con la velocidad, los baches, las piedras y el horizonte infinito en un trance contínuo. Un torbellino, un espejismo, rocas con formas extrañas... Vemos maravillosos petroglifos de figuras humanas, símbolos de la madre Tierra, animales, jirafas y ciervos en una roca… Pienso en cuando esto era un vergel y ahora sólo hay cielo y tierra… La milenaria medicina china concibe al hombre como un microcosmos del universo y como el resultado de la interacción del Ying de la Tierra con el Yang del Cielo. Para los taoístas todo viene del Wu Chi Wu significa vacío y chi energía- el Gran Vacío, la matriz cósmica de donde nacen las galaxias, la vida en la tierra y nosostros mismos. La física cuántica está descubriendo cómo el vacío primordial, poblado de partículas elementales –como el bosón de Higgs, la Partícula Divina- da lugar al universo. En este viaje nosotros también vamos a descubrir como el paisaje desolado del desierto está en realidad lleno de vida y que hasta en las tierras más inhóspitas puede nacer el paraíso. Un descanso para comer bajo la sombra protectora de una talja y el pan con queso nunca me ha sabido más bueno.












El mapa de esta tierra está atravesado por una dolorosa herida abierta de 2700 kilómetros. Desde 1976, cuando Marruecos se anexionó el territorio, el Sáhara Occidental ha estado dividido entre el ejército marroquí y el Frente Polisario, el movimiento que lucha por la independencia saharaui. El llamado “Muro de la vergüenza”, construído por Marruecos en los años ochenta para controlar el territorio está formado por una serie de barreras de arena alambradas y electrificadas donde han sembrado millones de minas que siguen causando accidentes. Más de 100.000 soldados, apoyados por carros de combate, artillería y aviones defienden el muro para asegurar que las ciudades y los pueblos del Sáhara Occidental, los caladeros y los depósitos de fosfatos permanezcan en manos marroquíes. En la distancia, los soldados marroquíes que patrullan el muro nos observan a través de prismáticos. Adelantándose a mis pensamientos, el Ricar se baja los pantalones enseñándoles el culo a los marroquíes con un corte de mangas... Rolando lanza su grito de guerra: ¡¡¡VIVA EL SÁHARA CABRONES!!!







Ricardo Garrido viaja para documentarse in situ sobre el conflicto que se vive aquí. Tendrá oportunidad de hablar con los beduinos, militares, estudiantes y artistas que vamos a conocer. Como explica Nuria Álvarez: “hace 34 años, el Sáhara Occidental era la última colonia española, y prácticamente también la última colonia europea en África. Las Naciones Unidas y la Organización para la Unidad Africana presionaban al régimen franquista para que descolonizara el territorio, y el Polisario luchaba por la liberación de su pueblo. Pero el decadente régimen franquista se aferraba a su última colonia. Finalmente, la presión llevó al gobierno a anunciar que la descolonización se produciría en seis meses. Entonces Marruecos reclamó ante el Tribunal de la Haya que la colonia española debía pasar a formar parte del reino alauita. El tribunal dictaminó a favor de la independencia saharaui (1975) pero Marruecos no acató la decisión e invadió el Sáhara, con los civiles delante de la infantería como carne de cañón y para reducir la posibilidad de enfrentamiento con el ejército español. Es lo que se conoce como “Marcha Verde” y fue presentada por Marruecos como una ocupación pacífica por parte de miles de civiles, aunque delante de ellos iba la aviación marroquí bombardeando con ayuda francesa. Los saharauis iniciaron un éxodo fundando los primeros campamentos provisionales en Tifariti. Allí fueron bombardeados con fósforo blanco y napalm. Los que se salvaron huyeron a la provincia argelina de Tinduf, donde las Naciones Unidas organizaron los campamentos de refugiados que existen en la actualidad. La marcha verde sirvió también para que España firmara unos acuerdos secretos (14 de noviembre de 1975), cediendo el Sáhara a Marruecos y Mauritania a cambio de preservar sus intereses económicos y geoestratégicos en la región. La guerra que siguió significó pronto la retirada de Mauritania y el retroceso de Marruecos de parte del territorio, a lo que Marruecos respondió construyendo con ayuda francesa e israelí el “Muro de la vergüenza””. Ese mismo muro que es el eje central del festival de arte Artifariti y que vamos a volar con nuestras armas de creación masiva.




Llegamos a Tifariti y enseguida se nota el feng shui favorable de este enclave. Imagino que los militares españoles que fundaron este puesto se guiaron por los mismos cruces de líneas telúricas que siguen los nómadas en el desierto. Reconocemos el espacio del colegio donde nos vamos a alojar y trabajar en los siguientes días. Tenemos todo el espacio del mundo y todo está por construir. Hay un sentimiento utópico: el de un país entero por construir. Chaska y Nieves son las infatigables coordinadoras de este ambicioso proyecto ideado por Fernando Peraita, presidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Sevilla y visionario luchador en todos los frentes por la causa saharaui. Aquí tenemos internet, salón de actos y una hermosa jaima donde va haber mesas redondas, tertulia, música y baile hasta que apagen el generador eléctrico. La verdad que hay una maravillosa energía entre la gente. La alegría y la amabilidad saharaui se han contagiado. La hospitalidad en el Sáhara se convierte en forma de vida llenando de magia lo más cotidiano. Empezamos a conocer los trabajos y proyectos de los otros artistas, españoles y saharauis. Tomamos té y nos duchamos con agua fría. Comemos camello y fanta de manzana en el animado comedor y terminamos la jornada tan rendidos que hasta mis solidarios compañeros de habitación se duermen con mis ronquidos.





Como explica Valeria Saccone: “Tifariti es un emblema en la reciente historia de los saharauis. Aquí recalaron los primeros refugiados tras la ocupación marroquí. Sobre estos primeros campamentos improvisados cayeron las bombas marroquíes de napalm y fósforo blanco, en 1976”. Un viejito me contaba que “hasta las rocas ardían…” “Hoy Tifariti es habitada únicamente por militares polisarios y pastores semi nómadas. La población civil sigue viviendo en los campamentos en una provisionalidad estable en su perpetuidad, a la espera de una solución que la ONU ha sido incapaz de garantizar en tres décadas y que pasa obligatoriamente por la celebración de un referéndum sobre la autodeterminación del pueblo saharaui”.


Rolando de la Rosa, el querido artista mexicano que nos acompaña es la indiscutible estrella mediática de Artifariti 2008. La razón es que está construyendo un gigantesco Caballo de Troya con chatarra y con los abundantes restos de material bélico que hay por todas partes. La idea es empujar el monumento -que carga las resoluciones de la ONU en sus entrañas- hasta el mismísimo Muro de la vergüenza en una multitudinaria marcha pacífica encabezada por el presidente de la RASD Mohamed Abdelaziz y dejar ahí el Caballo como protesta. Mientras Rolando descarga material pesado de un todoterreno en la puerta del colegio los demás artistas españoles, saharauis, peruanos y argelinos empiezan a dar forma a sus propuestas. Esta incipiente “Cuidad de las Artes” bulle en actividad y todos se ayudan unos a otros. Hay una sinergia de solidaridad que nos une en una causa común.
















Victoria Gil ha comenzado con su taller de retratos y se le ha ocurrido una instalación con cabinas de votación donde los retratos serán las papeletas del referéndum por la autodeterminación del Sáhara. Su hermano Loncho está trabajando a jierro en un taller de serigrafía sobre ropa, estampando llamativas consignas y dibujos en la montaña de melfas, pantalones y camisetas que le va trayendo la gente. “Y yo pensando que la gente no iba a participar… me he traído un maletón cargado de camisetas”, comenta divertido. Carmen Carmona ha iniciado un profuso intercambio de imágenes tradicionales y dibujos en henna y se ha tatuado SÁHARA LIBRE en hassanía alrededor del ombligo. Hasta que no se seque la henna no se puede mover mucho… así que se pone a dibujar con Madi.








Ricardo no ha tardado en hacerse amigo de todo el mundo. Desde la siete de la mañana lleva entrenando con una tabla de ejercicios que ha puesto a los militares polisarios a sudar. Ahora se va hacer unos dibujos animados sobre las paredes de las casas bombardeadas al oeste, donde están trabajando los argelinos. Mientras voy a buscar piedras para instalar la Taína me cruzo con Pililli de la mano de su amiga Sherehad. Pililli Narbona es la vocalista de Moakara y el alma musical del colectivo. Nuestra entrañable amiga tiene una brillante y dilatada trayectoria desde que empezó a actuar en Sevilla de la mano de Kiko Veneno. Desde entonces con su grupo Moakara ha actuado en todo tipo de fiestas, festivales y saraos. En este viaje cerramos un especial círculo en nuestra fructífera amistad, ya que la mula Taína trae en sus alforjas el último disco de Moakara: Los Insectos que he tenido el placer de ilustrar y que aquí en presentamos en exclusiva mundial. Pililli ya está en su salsa y esta noche va a dar un concierto en el salón de actos con los músicos locales. Fernando Peraita también le ha encargado que componga un himno para Artifariti, así que nuestra estrella está en el desierto en plena ebullición.









Tifariti tiene un pequeño museo de arte, arqueología y etnografía. Aquí están las obras de artistas saharauis y algunas de las piezas del primer Encuentro, una tienda de artesanía y de recuerdos polisarios, una exposición de arqueología y una fascinante sala etnográfica con todos los aperos de los camellos, herramientas para trabajar la tierra, hacer pan, juegos de arena, cuchillos y pistolas antiguas, cerámica, cestos y utensilios domésticos. Sin duda es el espacio ideal para acoger a la mula Taína. Propongo la idea a Mohamed Baicha, el artista que gestiona el museo, quien recibe a la mula con los brazos abiertos. Taína es nuestra mascota de intercambio de archivos, una preciosa escultura en goma espuma, látex y talabartería tradicional confeccionada en el Laboratorio de Artes de Jimena de la Frontera por Juan Ángel Gómez y Anja Tiedemann con la colaboración del maestro talabartero Manuel Tirado. Este animal de carga y descarga quiere ser vehículo del intercambio de ideas y experiencias entre las personas y los pueblos, así que empiezo a desempaquetar el telescopio, el computador de arena y el cargamento de libros, catálogos, dibujos, fotos, poemas, cuadros, esculturas, muñecos, collares chamánicos, camisetas, marionetas, latas de comida, botiquín, ambientadores, flores medicinales, material de pintura, amuletos, conjuros y todo lo que a la gente se le ha ocurrido echar en sus alforjas.












Llegamos a este sitio cargados de proyectos y de ilusión por contactar y colaborar con la gente y básicamente dar vidilla con lo que cada uno sabemos hacer. Creemos que las prácticas artísticas pueden servir como herramienta para reivindicar los derechos humanos, el derecho de las personas y los pueblos a su tierra, su cultura, sus raíces y su libertad. Y al mismo tiempo venimos con nuestra gran falta de conocimiento de esta realidad, con nuestras ideas preconcebidas y nuestros intereses particulares. Como señalaba el año pasado Rogelio López Cuenca en una mesa redonda sobre arte público aquí mismo, es importante que intervenciones como ésta no se conviertan en el publicitario gesto humanitario del artista que llega aquí con su salacot y coloca su pieza en un entorno exótico. Es necesario que las propuestas estén contextualizadas y que generen dinámicas horizontales que puedan servir a la gente aquí mismo en su vida cotidiana. Antes de salir de Sevilla, tuvimos interminables discusiones dentro del colectivo sobre adonde deberían dirigirse los fondos recaudados con la exposición, si a ayuda humanitaria o a pagar los viajes de los artistas a Tifariti. La misma Ministra de Cultura de la RASD nos confirmó en su alocución de bienvenida la necesidad fundamental tanto de ayuda humanitaria como de la cultura y el conocimiento. "También hay que luchar con el bolígrafo y el pincel..." Y estamos conociendo a un pueblo culto, la gran parte de los jóvenes han estudiado fuera, con un gran respeto por la mujer y los mayores y donde la educación es la piedra angular de la sociedad. Cuando el gobierno español abandonó el Sáhara, no había ninguna mujer saharaui capacitada profesionalmente y la gran mayoría era analfabeta. Las primeras escuelas, atendidas por las “maestras de experiencia” se crearon de manera clandestina en los territorios ocupados, sin medios materiales, usando la arena como pizarra y cuaderno. Actualmente, todos los nacidos o crecidos en los campamentos reciben una educación digna y suficiente, y muchos de ellos reciben formación técnica y universitaria en diferentes países, fundamentalmente Cuba y Argelia. Todos los años se realizan campañas de alfabetización para paliar la herencia del pasado. ...Estoy empezando a darme cuenta que nosotros damos todo lo que hemos traído... pero los saharauis, sin saberlo, nos dan muchísimo más.




























La proverbial hospitalidad de los nómadas del desierto se convierte en forma de vida a través de la magia saharaui del don. En esta sociedad donde casi no hay dinero y la economía se sostiene en la solidaridad y en la reciprocidad de la donación nos da la perspectiva para tomar conciencia de que el hecho de donar es una realidad cotidiana, y no sólo en los campamentos de refugiados saharauis sino en todas nuestras sociedades. En la experiencia del día a día, toda una “economía” de tiempo funciona alrededor de la donación. Decimos “Te doy los buenos días” al igual que devolvemos la amabilidad. Si la mula Taína venía con intención de intercambiar, aquí nos han enseñado a dar. De todos los donativos que he recibido en el Sáhara, esté es quizás el más valioso ya que se trata de una revelación que contiene algo de sagrado, de mágico o de religioso y, por consiguiente, para reembolsar mi deuda debo propagar la buena nueva: el acto de donar existe. Como explica Serge Latouche en La otra África, el acto de donar “existe incluso en el seno de la sociedad global y cruza de lado a lado la sociedad de mercado (…) Se trata de un fenómeno histórico de reacción social creativa e innovadora frente al fracaso del desarrollo (...) De hecho, el mercado absoluto no existe, ya que el fundamento del intercambio social no puede basarse en la ley de la oferta y la demanda”.















Pensando en estas cosas salgo afuera a dar una vuelta. Se me ha ocurrido emular a Rolando y buscar restos de bombas y proyectiles por el campo para colocarlos a los pies de la Taína como si los estuviera pisoteando. El aire está calmado y reina un silencio absoluto. Mirando al norte recuerdo que a pocos kilómetros de aquí se extiende el muro con uno de los territorios más minados y peligrosos del mundo. Encuentro a Hassan, que me explica que trabaja desactivando minas para Land Mine Action, una ONG internacional que promueve la estructuras locales para responder de manera comunitaria a los problemas causados por armas convencionales en zonas de conflicto. La base de Land Mine Action en el Sáhara es el edificio contiguo al colegio. Hassan y Ahmed Sidi Alí -el director del programa- me enseñan el pequeño museo que han recogido con todas las minas, proyectiles y bombas desactivadas de la zona que usan para enseñar a los beduínos y a los niños a identificarlas en el campo. Bombas de racimo, minas antipersonales, antigrupo, antitanque, granadas, morteros, cohetes… el arsenal es espeluznante. Escucho las historias de varios accidentes y me muestran la documentación recogida. Un pastor muerto, dos niños heridos… Me pregunto el porqué del empeño del ser humano en autodestruirse. Observo impresionado estos mortíferos objetos como un catálogo del genocidio que el gobierno de Marruecos ha perpetrado aquí. Un museo de la barbarie que no debe existir nunca más. Ahmed me cuenta que hace tiempo quieren proponer a un artista que haga un monumento con todo este material. Conmocionado por todo lo visto y escuchado me ofrezco a realizar una escultura para ellos. Allí tienen un taller con equipo para soldar y gente para ayudar. Mañana traeré un dibujo con la idea.













El sol ya desciende sobre el horizonte con las más espectaculares proyecciones violacéas, anaranjadas, rosadas y amarillas sobre las kilométricas nubes del desierto. Mientras camino hacia el colegio caigo en que es 1 de diciembre y que Isabel, hablando de astronomía, me había dicho algo de una conjunción planetaria única en el año. Recorriendo el firmamento, esta noche la Luna va a pasar tan cerca de Venus y Júpiter que casi los va a tocar. Me detengo en el hermoso mural que María Ortega Estepa está pintando en la fachada de una casa abandonada. Viajando el paraíso es un bosque encantado que crece respirando luminoso en la inmensidad del desierto. El viento ha amainado y reina una paz absoluta. Arriba, la Luna me sonríe plácidamente recostada junto a Venus y Júpiter. Atravesando las enormes distancias intergalácticas, pienso que en realidad las estrellas están aquí, en nuestra tierra, ya que su luz ha llegado hasta nosotros. Si no, no las veríamos. Me encamino hacia el colegio porque el programa de esta noche anuncia una conferencia en la jaima, la presentación de Taína en el museo y luego una excursión nocturna con la que Carmen invita a conocer los monumentos más significativos de Tifariti. Esto se pone cada vez más emocionante.

La presentación de la Taína resulta ser un emotivo intercambio de mensajes de agradecimiento entre artistas españoles y saharauis. Naná ve cómo se cierra un hermoso círculo después de tanto esfuerzo. Revisamos el cargamento de la mula… los discos de Moakara, sacamos el telescopio y los prismáticos al patio, el computador de arena y unos juguetes. Rebusco un grueso libro con caracteres chinos en la portada. Vamos a aprovechar el momento único en que nos encontramos todos juntos para consultar al I Ching sobre el futuro del Sáhara. El I Ching o Libro de las mutaciones es un libro oracular chino que se considera el libro más antiguo del mundo y trata de lo futuro. Tirando unas monedas que dan lugar a combinaciones de líneas que forman hexagramas, el I Ching describe la situación presente de quien lo consulta y predice el modo en que se resolverá en el futuro si se adopta ante ella la posición correcta. El delegado del Frente Polisario en Andalucía Abidín toma con decisión las monedas. “¡Como no salga LA INDEPENDENCIA este libro no es más que un cuento chino! ¡Nunca mejor dicho!” Abidín se concentra y pronuncia la pregunta: “¿qué podemos hacer nosotros por la libertad del Sáhara Occidental?” Todos los ojos siguen atentos cómo las monedas van rodando por el cemento...





"26. Ta Ch’u / La Fuerza Domesticadora de lo Grande

arriba Ken, El Aquietamiento, la montaña
abajo Ch’ien, Lo Creativo, el Cielo

El Dictamen

La Fuerza Domesticadora de lo Grande.
Es propicia la perseverancia.
Trae ventura no comer en casa.
Es propicio atravesar las grandes aguas.

Lo “creativo” es domesticado, amansado por el “aquietamiento”. Esto confiere gran fuerza. (…) Este signo implica un triple significado: el cielo en medio de la montaña da la idea de firme sostenimiento, de sujección. (…) El signo Ch’ien indica una potente fuerza creadora, el signo ken firmeza y verdad; ambos indican luz y claridad y una diaria regeneración del carácter. Sólo mediante tal autoregeneración cotidiana permanece uno en la cúspide de su vigor. Mientras que en épocas tranquilas la fuerza de la costumbre contribuye a mantener el orden, en épocas grandes (excepcionales) como ésta, de acumulación de fuerzas, todo dependerá del poder de la personalidad. Mas, puesto que los dignos se ven honrados, como lo demuestra la fuerte personalidad a quien el gobernante ha confiado la conducción, resulta que es favorable no comer en casa, sino ganarse el pan en la vida pública, mediante la aceptación de un cargo, de una función. Uno se encuentra en armonía con el cielo; por eso se obtiene éxito aun en empresas difíciles y riesgosas como el cruce de las grandes aguas.

Aunque el I Ching nos ha respondido con una clara apuesta por la paz, un amplio sector de la población saharaui muestra cierto cansancio hacia las formas pacíficas de resistencia. Como cuenta Valeria: "se palpa un sentimiento de revancha cada vez más fuerte, sobre todo entre los jóvenes, que claman por retomar las armas tras 17 años de alto el fuego. Incluso el presidente Abdelaziz en una entrevista reciente afirmó que “la carta de la guerra está sobre la mesa”. Muchas asociaciones y ONGs o proyectos como Artifariti o Vacaciones en Paz persiguen paliar la situación humanitaria del pueblo saharaui y luchar contra el olvido de la comunidad internacional. “¿Pero hasta cuándo nos ayudarán? ¿Y qué pasará cuando se cansen de ayudarnos?”", se preguntan muchos aquí. Acabamos de conocer el lamentable suceso de dos estudiantes saharauis muertos en una manifestación en Agadir y un sentimiento amargo nos sobrecoge.


Salimos al chi de la noche. Carmen nos ha convocado bajo la bandera a la puerta del colegio para una excursión nocturna por los hitos de Tifariti. En su trabajo, Carmen propone relecturas subjetivas del paisaje que funcionan como auténticas ceremonias de iniciación. Su arte es zona de encuentro entre las personas y herramienta de recuperación de la memoria. Su interés por el dibujo desborda el formato del papel y se extiende como un reguero que es recorrido por la memoria geográfica y colectiva de esta comunidad. Empezamos una ruta nocturna que significa solidaridad con la travesía en la oscuridad que padece el pueblo saharaui. Con cada monumento que visitamos, con cada huella que dejamos, abrimos camino al andar. La conjunción de la Luna con Venus y Júpiter brilla mágica en el cielo protector. Hacemos dibujos con una antorcha en la noche. Los jóvenes militares polisarios entonan consignas y gritos de independencia, los argelinos y todos nosotros nos unimos en una manifestación espontánea. Seguro que con toda esta fuerza creadora y activa llegaremos algún dia a cantar con nuestros amigos saharauis el Yahuti Sahara en su tierra. Un proverbio saharaui dice: “la verdad no puede taparse con pintura". No hay injusticia que se pueda perpetuar, y ya somos muchos empujando el muro.





Esta noche voy a dormir bajo las estrellas. Isidro López-Aparicio y Pamen Pereira me han contado la increíble experiencia de su performance donde se han metido durante veinticuatro horas en un agujero excavado en la tierra, para salir luego y exhibirse en lo alto de una plataforma elevada. La acción tiene el doble significado que señala tanto el aislamiento del pueblo saharaui frente a la comunidad internacional, como la necesidad de visualización y repolitización del conflicto. Esta noche las estrellas brillan más que nunca y me tiendo en la arena del desierto envuelto en mi saco de montaña. Con los prismáticos puedo navegar extasiado por una cúpula celestial inundada de estrellas desde el cénit hasta el mismo horizonte. Dicen que hay más estrellas en el cielo que granos de arena en el Sahara. Como me han explicado Baicha y Moulud, la Osa Mayor aquí se llama Eswabia, y las Pléyades se llaman Ezraia. Para muchas de las constelaciones los saharauis tienen mitos y leyendas que sirven para que los niños las vayan conociendo. Tengo a Orión brillando justo sobre mi cabeza. La figura humana que dibuja es “el hombre” –El Machboh-. Según dice la leyenda este hombre mató al camello del Profeta, y Alá, para castigarlo, lo colocó eternamente en el firmamento. En su mano brilla la supergigante roja Betelgeuse (يد الجوزا, "yad al-jawzā", o sea "la mano de Jauza"), teñida de la sangre del crimen. Meto la mano en la arena y está suave y fría. La meto más adentro y cada vez está más fría. Una enorme estrella fugaz atraviesa la bóveda celeste durante unos segundos eternos. Otra, y otra, y otra más… y así hasta perder la cuenta... A todas he pedido el mismo deseo: quiero estar contigo para siempre. Me duermo bajo las Pléyades que dibujan su inmenso interrogante en el cielo protector.



De repente despierto porque mi nariz se está congelando. Abro la cremallera y entra un frío brutal. El saco está chorreando y no se ven estrellas ni cielo. Estoy dentro de una nube que se arrastra por el suelo. La linterna no alumbra y a ciegas recorro sonámbulo el camino de vuelta al colegio. No es una pesadilla porque estoy despierto y se volver al colegio. Muerto de frío alcanzo la jaima y me acurruco aliviado en un colchón. Estoy otra vez soñando...


Por la mañana me acerco a Land Mine Action con el dibujo de mi escultura. La idea es una chapa de zinc recortada en forma de explosión con un montón de minas y artefactos soldados en ella. Es importante que la gente aquí pueda identificar las minas, y también que el mundo conozca las estrategias criminales del gobierno de Marruecos contra la población civil. A Ahmed le gusta la idea y enseguida me pongo a trabajar con Sidi, el hábil operario del taller de reparaciones. Sólo tenemos tres días para completar la faena así que froto las manos para activar los pequeños chakras que tenemos en las palmas. En la medicina china, estos chakras se llaman “palacio del trabajo”. Paso las manos por la cara, exhalando chi con el sonido del corazón… AH!… y me pongo manos a la obra.




Vamos soldando minas, balas, cartuchos, proyectiles y granadas. Aquí hay un mortero abierto como una fruta reventada. Mohamed y Hassan me llevan a recoger una enorme bomba retorcida que Carlos de Gredos ya usó para una escultura el año pasado. La bomba ha estado todo el año expuesta en el museo y ahora se han dado cuenta que todavía contenía restos de TNT y que la espoleta estaba aún activa. Carajo! La cargamos en el todoterreno y nos desplazamos a una montaña cercana donde se realizan las detonaciones. Colocamos la bomba en un enorme cráter con unos detonadores y nos retiramos soltando cable hasta a la cima de la montaña. ¡¡¡BAAAMMMMM!!! Ese bombazo retumba en las entrañas y una descarga de miedo al imaginar, en el silencio del mediodía, un posible accidente en la distancia… Recogemos la carcasa retorcida y machacada de la bomba y el trabajo continúa. Todos están ayudando y la escultura, que he titulado El Muro de la vergüenza, crece como una mata extraña en el paisaje del desierto. Como colofón he colocado en la escultura una "bomba de la vida". Es un tomaco en hierro realizado por Ferney Hernández en el taller de escultura de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín. Por la noche, presentamos la obra en un sencillo acto. Ahmed concluye apuntando la increíble sincronicidad que estamos viviendo: hoy, 3 de diciembre del 2008, 92 naciones han firmado en Oslo una histórica Convención sobre Municiones en Racimo, que prohíbe la producción, el almacenamiento, el uso y la exportación de bombas de racimo. Los Dioses están con nosotros.
















De vuelta al colegio hay ambiente de fiesta. Es nuestra última noche en Tifariti y Loncho a concluído su taller de pintar ropa y lo va a rematar con el pase de modelos que hay convocado en el salón de actos. La expectación es enorme cuando empiezan a atronar los acordes de Lluvia con nieve de Mon Rivera. Niños y mayores, artistas y amigos, todos salen desfilando entre aplausos. Ricar, Javi, Matala, Ana, María, Carmen, Ángeles, Bashir, Moulud… estos modelos son gente bonita con una mezcla de inocencia y desparpajo. Bajo las cambiantes proyecciones psicodélicas de Fernando e Isabel, las melfas, turbantes y camisetas se ven espectaculares anunciando SÁHARA EN EL CORAZÓN, NO MÁS MÁRTIRES, HASTA CUANDO LA PAZ… El espectáculo alcanza su apogeo con la demostración de capoeira de Adrián y Miguel y todos terminan sacando en hombros a Loncho entre gritos y aplausos. El fin de fiesta es de Pililli y sus niños que cantan “alcachofas, alcachofas repartidas como bombas…”










Para cenar hoy hay paella de camello, por cuenta de la mula Taína. Esta idea se me ocurrió en Sevilla y, aunque no tengo mucha idea de cocinar paella pido la receta a algunos amigos expertos y me lo tomo como un reto artístico. He traído los avíos desde España y con la ayuda de Guillermo, verdadero arte factum de la paella, y la ayuda de Carmen y Cheb todo es un éxito. El camello lo hemos cocido un largo rato en el agua para que se ponga blandito. Hemos hecho también alioli todo a mano en una cocina de lo más precaria. La paella se presenta junto a unos panes que han cocido Naza y Antonio y todo el mundo come con satisfacción. Nos damos cuenta después de tantos días como extrañábamos el aceite de oliva y el ajo de nuestra tierra. Después de cenar Chaska anuncia que los artistas argelinos han convocado en las casas bombardeadas un minuto de silencio en homenaje a Jaya Dada y Kteif El Husein, los estudiantes saharauis muertos en Agadir.





En el frío de la noche caminamos hacia las casas bombardeadas al norte donde los argelinos han elaborado los más impresionantes murales convirtiendo las ruinas de un antiguo cuartel español en monumento de la barbarie marroquí. Cada uno enciende una vela y rodeamos una hoguera dándonos la mano en silencio. Hacemos un emotivo voto de hermandad en el fuego y sellamos nuestro juramento de vernos en el Sahara el año entrante. Este círculo chamánico que se cierra parece anunciar una nueva era para todos. Walid presenta su conmovedora intervención Tanto que necesitamos la luz, un tenue candil encendido entre restos de munición sobre el quebrado pedestal de una bandera. En la oscuridad toco la luz... Recuerdo la hermosa intervención de Eva Lootz que ha creado un paisaje en el salón de actos con cientos de lamparitas de aceite como si fueran las caravanas del desierto... Es verdad… cuánto necesitamos la luz en esta noche oscura... Calentándome las manos en el fuego pienso en cómo la medicina china explica que nosotros mismos somos luz de las estrellas, energía divina que vibrando a menos frecuencia se hace sólida. También la física cuántica ha descubierto que por encima de la materia, la antimateria, los átomos, los protones, electrones, neutrinos, quarks y fotones existe una energía original de la que nace todo... La energía vital dentro de cada uno de nosotros contiene el poder del universo. Mis compañeros me sacuden del ensueño despidiéndose con emoción: AVEC A GRAND EMBRACE J'ESPER VOUS REVOIR LE PROCHAINE ANÈE A TIFARITI ¡¡¡VIVE LE SAHARA CABRONES!!! Sans aucun doute a l'année prochaine! Todos nos abrazamos y arrancamos con gritos ¡SÁHARA LIBERTAD! ¡POLISARIO VENCERÁ! Cantamos Aicha y bailamos saltando el fuego como en una hoguera de la noche de San Juan.











Partimos al amanecer y una larga caravana de todoterrenos nos aguarda estacionada a la puerta del colegio. Los primeros rayos del sol iluminan el Paraíso de María y sus brillantes amarillos, dorados y verdes estallan contra el cielo azul de la mañana. Este bosque encantado concentra los esfuerzos de la naturaleza hacia la luz y queda como testimonio de la irreductibilidad misma de la vida. En el Islam, el verde es un color heráldico porque “agua, verdor y un bello rostro” (como dijo el Profeta) están en la base del rechazo esotérico a la indiferencia y la separación. Empiezo a comprender que, hasta en el desierto, es posible el paraíso como cristalización orgánica espontánea del deseo de la vida por sí misma. Contigo, el paraíso es todo, porque me has enseñado a descubrirlo dentro de mí. Los conductores nos avisan con bocinazos y los todoterrenos arrancan levantando torbellinos de polvo. Hamdi pone una vez más la cinta de Estrella Polisaria. Partimos, pero nos llevamos el Sáhara en el corazón.





Ya estoy de vuelta a casa. Desembarcando soñoliento en la T-4 de Madrid la arquitectura opulenta y futurista refleja los brillos del sol invernal. El cansancio del viaje me tiene desubicado. Todo se ve extrañamente coloreado e irreal. Lo familiar se vuelve ajeno al observar a la gente hablando compulsivamente por sus móviles y deambulando como fantasmas entre la estridentes tiendas del aeropuerto y los hipnóticos mensajes de la megafonía que nos insta a "controlar nuestras pertenencias por nuestra propia seguridad". Ya estamos en Europa. Empujando un carrito de maletas cargado de emociones contradictorias me pregunto por qué el mundo es tan desigual.


Las palabras de Matala resuenan en mi cabeza: "Ahora os vais a la tierra donde hay hierba verde, flores y comida buena, y os olvidareis de nosotros..." Empiezo a temer que tenga razón y que todo lo vivido entre el pueblo saharaui se vaya a convertir en un sueño que pasa como si nunca hubiera ocurrido. Despertar en la realidad del materialismo monista del Estado Capital me impulsa a escribir estas notas para no olvidar las profundas experiencias que hemos vivido, algunas tan difíciles de digerir como las mismas piedras del desierto. No, no voy a olvidar. El viaje ha sido avanzar hacia un espejismo que nos devuelve la imagen deforme de nuestra sociedad de la ostentación, el derroche y la ignorancia. Lo hemos atravesado para encontrar en el pueblo saharaui una alegría, una generosidad y una resistencia ante la adversidad que nosotros ya hemos olvidado. Empiezo a valorar la lección que los saharauis nos han enseñado, y a comprender que el camino a la libertad del Sáhara es el camino a nuestra propia libertad.

En este relato he utilizado imágenes de mis compañeros de viaje.
El copyright es de los autores: Abdelkader Belkhorissat, Pepe Caparrós, Carmen Carmona, Alonso Gil, Carlos de Gredos, Isabel Inés Casasnovas, Carmina López Rodríguez, Nuria Meseguer, Teresa Muñiz López, Pililli Narbona, Javier Navarro, María Ortega Estepa, Barris Syphax, Valeria Saccone y Miguel Vila.
Sukran Gazillan!!!

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